Conflagración civil en el Perú 2020

20.03.2020

Por: Yorry Warthon. Peruanos cuya residencia habitual está en provincia, marchan en dirección a la ciudad de Lima. No hay disposición presidencial que paralice el instinto natural de supervivencia. El COVID-19 ha dejado de ser una amenaza para ellos.

Gente en la periferia de Lima, en donde se ubican las poblaciones vulnerables de la capital, entra en pánico. Buscan atenuar tal sensación. Se organizan e inician las coordinaciones para sobrevivir.

Todos ellos, hacinados, eligen el camino de la violencia en búsqueda de venganza social. Y es que no tienen agua para lavarse las manos. Los alimentos empiezan a escasear y desaparecen cual acto magistral de Copperfield.

Tampoco tienen suficiente acceso a la información sobre los bonos y demás liberalidades que el gobierno les ofrece, y que ellos deben recibir para superar decorosamente la "cuarentena".

Se trata de los que menos tienen. De aquellos a quienes el mensaje presidencial los está condenando a una miseria superior. De aquellos que no entienden razones para aplaudir a las 20:00 pm fervientemente.

Entonces el Estado de Emergencia y el Toque de Queda dictados por el presidente Martín Vizcarra son percibidos como un asunto de absoluta desigualdad que los monta en el tren del olvido.

Agrupados deciden desafiar las disposiciones que el gobierno ha instaurado, quebrantando así el statu quo nacional.

Rápidamente se desatan los saqueos en los principales distritos de Lima. Las fuerzas armadas cumplen cabalmente su labor.

Todo indica que el ejército repele y contrarresta categóricamente la conflagración civil. Sepan que la "batalla" sucede en desproporción de fuerzas.

Escucho nítidamente cómo se desarrolla el conflicto interno. Inmediatamente me asomo a la ventana de la habitación de mi hijo (los sonidos son estruendosos de ese lado), y observo desde un ángulo privilegiado a mis compatriotas librar una lucha en desigualdad de condiciones. No existía forma posible de que ese puñado de "rebeldes" le haga frente al cuerpo militar de la zona. La insurgencia popular como propósito reactivo no lograba su cometido.

Impotente por lo banal del conflicto, continúo observando. Me esfuerzo en no perderme ningún detalle. Los uniformados hacen gala de su entrenamiento militar y derriban con facilidad a los civiles. El desenlace me deja una sensación melancólica.

Entre sollozos, los débiles son vencidos. Muchos quedan sin vida, y son colocados en las aceras próximas. Otros, maniatados y gravemente heridos, son llevados de emergencia para atención médica. Seguramente serán desplazados a hospitales "especializados".

Vemos pues que del aislamiento social a la inmovilización absoluta hay una larga diferencia que el 70% de peruanos no tolera. Y no va tolerar. No porque el mecanismo sea el correcto o incorrecto para evitar la expansión del célebre virus. Se trata del control de daños ineficiente y nulo. Y de medidas de alta envergadura que se pretenden perfeccionar sobre la marcha, una vez dictadas.

Muy pocos denuncian públicamente estos sesgos por temor a represalias. Científicos de 1er nivel silenciados (sus papers no son publicados), a quienes se les reducen o cortan fondos de investigación o que, en casos más extremos pero no poco comunes, se les despide de sus trabajos, p.e.

Vale reflexionar que el miedo es el sentimiento más viral del mundo. Crece más rápido que el Covid-19, en especial en escenarios donde las decisiones se toman en tiempos de 15 a 30 días, para sociedades que están acostumbradas a vivir el minuto.

Que la cuarentena sirva para ensamblar lazos con los nuestros, y para reflexionar cómo debemos aplaudir a las 20:00 horas.